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domingo, 27 de junio de 2010

domingo, 31 de enero de 2010

Jordania - Dia 7 - Mar Muerto

Hoy es el último día que pasamos en Jordania. Parece mentira lo rápido que ha pasado el tiempo, la cantidad de cosas y sitios que hemos visitado. A pesar de lo intenso de estos días nos hubiésemos quedado dos semanas más. Haciendo a un lado la morriña del último día nos levantamos y nos ponemos en marcha, muy tranquilamente, hacia el hotel del Mar Muerto. Hoy toca día de descanso, bien ganado, en un hotel-spa a la orilla del Mar. A la llegada (ni una hora de camino desde Amman) nos despedimos del guía y del conductor, ya que tantos días juntos han hecho que nos acabemos llevando muy bien.


El hotel tiene una pinta fantástica. El complejo es un conjunto de múltiples edificios unidos por caminos y jardines muy cuidados. Las habitaciones se encuentran divididas por bloques, como si fuesen una pequeña urbanización. Después de deshacer la maleta y comprobar que la habitación no tiene nada que envidiarle a la del hotel de Amman, me pongo el bañador para ir directo a la zona de playa y piscinas.


La zona de piscinas es impresionante. Tienen tres distintas, cada una con una temperatura del agua diferente. Dos de ellas terminan en sendas cascadas que dan al Mar Muerto. Aunque deseoso de darme un baño, sigo mi camino hacia la playa, a probar las aguas del Mar Muerto. Para quien no lo sepa, éste tiene la característica de ser muchísimo mas salado que el resto de mares. Tiene un 30% de sal, lo cual es una auténtica barbaridad.


Al llegar abajo, una playa claramente artificial ofrecía a los turistas unas hamacas y sombrillas para relajarse, pero a una altura sopechosamente superior a la de la orilla. Una vez en la orilla compruebo que ésta no tiene nada de playa. Enormes piedras protegen el camino al agua. Para mas inri, esas piedras están cubiertas de sal cristalizada, haciendo todavía mas complicado el acceso. Si no fuese por unas bien colocadas pasarelas que pasan por encima de las piedras, pocos turistas se aventurarían a entrar. Yo, todavía no se porque razón, decidí pasar de las pasarelas (valga la redundancia) y entrar directamente por las piedras. Valiente idiota... Tras sortear como pude las piedras de la orilla, conseguí meterme a flotar en el agua. Digo flotar porque la elevada salinidad del agua hace que la densidad del agua sea tan grande que es imposible hundirse, solo puedes flotar en horizontal. Sensación curiosa como poco. Eso sí, ¡como escuecen las heridas!... Yo duré cerca de 3 minutos dentro del agua. Tuve que salirme (esta vez por una pasarela) a darme una ducha rápidamente, ya que jamas me había picado todo el cuerpo de aquella manera. Hubo quién resistió mas tiempo, pero no mas de 15 minutos dentro del agua. Tras la interesante experiencia, opté por subir a las piscinas, entorno en que me siendo indudablemente mas a gusto. Una cerveza y unas olivitas ayudaron a ello.


Después de un relajante baño en la piscina que tenía el agua mas fría (que por cierto estaba muy fría y muy vacía), subí a la habitación a ponerme ropa seca. Una vez vestido bajamos a la piscina de agua mas caliente, separada de las otras dos, y mucho mas tranquila. Mientras los demás se daban el último baño yo me senté en unos sofás a tomar algo esperando el atardecer. Unos simpáticos gorrioncillos jugaban a mi lado, demasiado acostumbrados a la gente como para tener miedo.


Las siguientes dos horas las pasamos tranquilamente sentados o tumbados, charlando y observando la hermosa puesta de sol sobre el Mar Muerto. El sol tenía un color especial, y los reflejos sobre el mar nos dejaron a todos embobados hasta que desapareció por completo sobre lo que debía ser Jerusalén. Un espectáculo digno de ver.


Tras el paseo de vuelta a la zona de habitaciones, fuimos a cenar, y tras otro pequeño paseo después de la cena, a dormir, ya que nos levantábamos a las 3 de la mañana para coger el vuelo de vuelta a Madrid, que salía a las 7 de la mañana. Sorprendidos por lo rápido que había pasado esta semana, nos despedimos de Jordania, pues con lo poco que nos quedaba en el país apenas íbamos a poder ver el amanecer del día siguiente salvo desde el avión.


A la mañana siguiente (todavía de madrugada) todo transcurrió rápido y sin apenas darnos cuenta, ya que el sueño estuvo muy presente hasta montarnos en el avión. Lo único que nos despertó fue el conductor que nos llevó al aeropuerto, que era un completo suicida. Nunca había visto antes dar volantazos en las rectas...

El viaje nos ha dejado con un fantástico sabor de boca. Realmente recomiendo a cualquiera que venga a este país, ya que es impresionante, además de muy seguro y bastante hospitalario. Si alguno estáis planeando venir, hablad conmigo que os digo donde ir, y sobre todo, donde NO ir...

Os saluda, ya de vuelta en Madrid,
Rhadamon.

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jueves, 21 de enero de 2010

Jordania - Dia 6 - Ajlun, Jerasa y Umm Qays

Se nos van acabando los días muy deprisa. Parece mentira que llevemos ya 6 días y hoy sea el último día que tengamos de ver "piedras". Intentando dejar atrás esta idea, nos preparamos y nos subimos al autobús de camino al primer destino de hoy: Ajlun.

Ajlun

Ajlun es otro de los castillos de la época de las cruzadas. Este lo levantó Saladino para luchar contra los cruzados (justo al contrario de Karak). El nombre viene de que el monte donde se levanta antes tenía un monasterio regentado por un monje que se llamaba así. A pesar de las apariencias, se pronuncia algo así como "Ashlon". Este castillo se levanta en lo alto de una loma, en una posición privilegiada con grandes vistas. La bruma estropea un poco el paisaje, pero se adivinan las montañas en el horizonte.


El autobús que llevamos no puede subir la cuesta que llega hasta la puerta del castillo, así que nos deja abajo, en el centro de visitantes, para que nos recoja un transporte que recorra los escasos metros que hay hasta la cima. Aunque la subida parece muy sencilla, el camión parece mucho mas divertido, así que escogemos la segunda opción.


Una vez arriba podemos ver como esta fortaleza es mucho mas pequeña que la de Karak (aun así tiene un tamaño nada despreciable). Sin embargo, el estado de conservación es muchisimo mejor. Los numerosos pasillos, escaleras y habitaciones están perfectamente conservados y restaurados. Da la impresión de estar caminando por ella como fue en sus dias de gloria (con el gran aliciente de la luz eléctrica).


De nuevo los contraluces generados en sus grandes espacios y sus pequeñas ventanas hacen las delicias de todos, cámara en mano, para intentar inmortalizar el momento.


Cuando entramos en el castillo, como habíamos llegado pronto casi todos los puestos estaban cerrados. A la salida la cosa se estaba empezando a animar. Entre algunos de los nuevos comerciantes, se encontraba un jordano vendiendo café y té a la gente de por alli. Esta estampa es bastante habitual en todo el país, y sus clientes suelen ser mas la gente local que los turistas. Las grandes jarras humeantes llaman la atención desde lejos. Por un dinar te podías llevar un delicioso té o un café muy cargado contigo. Debo decir que los jordanos son muy aficionados al café y al té. Según palabras textuales de nuestro guía: El café es el whisky de los jordanos.


Al volver cogimos para bajar el mismo autobús que nos subió (la experiencia, aunque corta, fue bastante divertida), solo que al bajar se nos unió un grupo de estadounidenses que hablaban español realmente bien, pero que al ser tan numeroso hizo que nos hacinásemos en la parte de atrás del camión. De nuevo nos reímos mucho bajando los escasos 30 segundos de trayecto. Después volvimos a nuestro autobús camino del siguiente destino: Jerasa.


Las ruinas de Jerasa

Jerasa era una ciudad romana que se encontraba un poco al norte de la actual Amman. Debido a los vientos y la arena gran parte de la ciudad se enterró con el tiempo. Este es el motivo por el que se conservó tan bien. Hace no mucho tiempo, se descubrieron las ruinas, se desenterraron y se volvieron a montar algunas partes caídas. El resultado es un conjunto de ruinas romanas realmente impresionantes, y en un estado de conservación sorprendentemente bueno. Nada mas entrar al complejo nos encontramos de golpe con la puerta sur, como un pequeño adelanto de lo que vendrá mas adelante.


Entre las múltiples edificaciones de esta ciudad se encontraba un circo romano. Este se conserva perfectamente, y dos veces al día se realizan representaciones en el, incluyendo desde lucha de gladiadores a carreras de vigas (la viga es lo mismo que una cuádriga pero con dos caballos en vez de cuatro). Aunque se trata de un espectáculo turístico, esta sorprendentemente conseguido, sobre todo las carreras. Merece la pena llegar a verlo, ya que no es demasiado largo y es bastante ameno. Resulta curiosa la estampa de los soldados romanos, que parecen sacados de un comic de Asterix y Obelix, pero con unos rasgos marcadamente jordanos.


Terminado el espectáculo pasamos a ver las ruinas. Tras pasar al lado de un museo que no visitamos llegamos a una espectacular plaza, completamente pavimentadata y rodeada casi entera por mas de 50 columnas. Una entrada realmente solemne, y de la que sale el "Cardo máximo", la calle principal de la ciudad (la Gran Vía de toda la vida).


Salimos por uno de los lados de la plaza para subir al primero de los teatros de la ciudad. Desde fuera no parece gran cosa, pero una vez entras te quedas impresionado. Esta perfecto. Las gradas están completas, y los asientos originales, salvo cierto desgaste en las aristas, están también completos. Incluso el fondo del teatro conserva el primer piso en perfecto estado.


Es llamativo descubrir unos pequeños agujeros (de poco mas de un palmo de ancho) que se encuentran distribuidos a lo largo de toda la base de la grada. Nos cuentan que estos agujeros están estratégicamente puestos para aumentar la voz de la persona que se coloca en el centro del patio. De hecho se encuentran en tan buen estado que este sistema sigue funcionando. Un tanto incrédulo me coloco en el centro justo (marcado en el suelo por el dibujo de las losas) y empiezo a hablar en voz alta. ¡Ya lo creo que amplía la voz! el eco producido es curiosísimo. Basta con desplazarse un metro hacia un lado y este efecto desaparece. Os recomiendo que si vais lo probéis.


Seguimos nuestro camino y encontramos más calles rodeadas de columnas, y también más ruinas pendientes de reconstruir a ambos lados del camino. Debido a que todas estas ruinas se encontraban enterradas, los desniveles entre zonas son abruptos. El efecto que producen estos desniveles sobre las ruinas es muy interesante, como si los romanos hubiesen construido en cañadas y partes bajas solamente.


En uno de los laterales encontramos los restos de una iglesia, creo recordar que bizantina. No se puede acceder a ella, pero desde un punto alto se pueden observar los impresionantes mosaicos del suelo. A ver si alguien es capaz de encontrar en el mosaico un símbolo que no pega ni con cola, y que en su día no significaba para nada lo que entendemos ahora al verlo (os pongo la foto con un poco mas de resolución para que no os quejéis). ¡Premio para el primero que lo adivine!


Nuestro camino nos lleva al tempo de Artemisa. Se trata de un templo impresionante con unas columnas de un tamaño descomunal. Este templo tiene varias curiosidades. La primera de ellas es que una de sus columnas se mueve con apoyarse sobre ella. Parece ser que como tiene un esqueleto metálico tiene cierta elasticidad, y el mismo viento hace que se mueva. El movimiento es muy sutil, pero si metes la mano en una grieta de la base puedes apreciarlo claramente. Para demostrarlo los locales ponían una cuchara, que se movía con la columna.


La segunda curiosidad viene porque antiguamente este templo tenía un largo camino con varias escalinatas que llevaban directamente desde el Cardo máximo hasta la puerta. Este camino se llamaba el Camino Sagrado, y como su nombre indica, era el templo mas importante de la ciudad. La gracia llegó cuando años después de la ocupación romana, los bizantinos (creo) construyeron una basílica justo en medio de este camino, interrumpiéndolo completamente para quitarle la importancia que tenía el templo.


Tras un reparador té (estos jordanos venden té en los sitios mas insospechados) seguimos adelante y llegamos al segundo teatro de la ciudad, en condiciones similares al antes mencionado. Aunque es un poco mas pequeño, es igualmente impresionante.

Seguimos adelante y llegamos a la parte final del Cardo Máximo. Al fondo observamos la puerta norte de la ciudad, actualmente en restauración, así que no podemos ir a esa zona. Delante nuestro se encuentra el Decumeno, que señala el cruce entre la calle principal y una de sus perpendiculares. Se encuentra complementamente entera y perfectamente conservada, para variar.


El camino de vuelta pasa por el Cardo Máximo. Este es una calle completamente paviementada y rodeada de columnas. A los lados vamos dejando edificaciones y templos, así como algunas calles perpendiculares, incluyendo el comienzo del interrumpido camino sagrado. A ambos lados se apilan grandes bloques de piedra tallada, piezas de un puzle que todavía no han tenido tiempo de montar.


Toda la ciudad está estructurada para recoger la poca agua de lluvia que cae en la zona. Tanto las calles como los edificios estaban pensados para reconducir este agua hacia las fuentes para su uso. Encontramos tambien detalles en casi todos los rincones donde miremos, desde animales tallados en las paredes del mercado hasta peces tallados en los sumideros de agua de las fuentes.


Después de la impresionante visita, y tras una parada para un pequeño refrigerio, ponemos rumbo al autobús hacia el siguiente destino: Umm Qays.

Las columnas negras de Umm Qays

Umm Quays es una pequeña ciudad romana, ni mucho menos tan espectacular ni bien conservada como la anterior, pero que tiene una carácterística muy interesante. Parte de las piedras usadas para su construcción eran de basalto negro, lo que le da un aspecto muy curioso al contraste de unas columnas con otras.


Tras visitar a toda prisa un pequeño museo que apenas tenia nada interesante, subimos a un mirador que se encuentra encima del Museo. La vista es espectacular, pero sobre todo impresiona la sensación de estar viendo a la vez Jordania, Israel (a la izquierda), los Altos del Golán (justo enfrente) y Siria (a la derecha). El recuerdo de guerras recientes impregna todos estos sitios, e impresiona estar aquí en medio... A la izquierda vemos el lago Tiberiades con las luces de Galilea que se empiezan a encender en su orilla.


Poco después pasamos a pasear tranquilamente por las ruinas y nos sentamos a tomar un té en una terraza en la parte mas alta de las mismas. El sitio esta de bote en bote. Muchisimas familias con niños han venido a pasar el viernes (aqui el día festivo es el viernes, como el domingo en España) y está todo lleno de gente correteando o paseando. Resulta curioso mezclarse con la gente local en su día de descanso. Disfrutamos tranquilamente de la puesta de sol antes de decir adiós definitivamente al sitio.


En el camino de vuelta no podemos evitar fijarnos en las llamativas torres de vigilancia que se alzan en la frontera norte de Jordania, amenazantes en el horizonte...



Esta noche es la última en Amman. Mañana bajamos al mar muerto, el punto mas bajo de todo el planeta, y con una temperatura prometedora, pero por hoy solo queda dormir y recuperar fuerzas.

Buenas noches,
Rhadamon

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viernes, 15 de enero de 2010

Jordania - Dia 5 - Karak y Amman

Para variar hoy toca de nuevo una buena tanda de kilómetros al volante, al menos para nuestro conductor. Nosotros vamos detrás un poco encajonados pero entretenidos. Hoy nos hacemos prácticamente el pais entero de sur a norte para subir desde el Wadi Rum hasta Amman, haciendo una parada intermedia en la ciudad de Karak.

Visita a Karak

Karak es famosa porque en esta ciudad se encuentra una fortaleza impresionante que construyeron los cruzados para luchar contra Saladino. Se encuentra en el centro-oeste del pais, y es la ciudad mas "tradicional" en lo que a costumbres religiosas se refiere. Apenas encontramos turistas aqui. La ciudad está un tanto destartalada y goza del habitual caos circulatorio que encontramos en este tipo de ciudades, algo por encima de la media que hemos visto hasta ahora. La mayoría de las tiendas se ven orientadas al cliente local y no al turista.


La fortaleza se divisa desde bastante lejos y domina completamente la ciudad. En sus dias de gloria debía de ser una ciudadela temible. Hoy en día se encuentra en bastante mal estado. El trabajo de restauración es muy escaso, y todavía queda por desenterrar la mayor parte. En su día la fortaleza contaba con 7 niveles distintos, pero actualmente solo se pueden visitar los dos superiores, el resto son poco mas que una escombrera.


Una vez dentro observamos que su mala conservación se debe mas a una escasa restauración que a los efectos del tiempo. Las partes que sí están restauradas resultan impresionantes. Grandes galerias, habitaciones, cocinas... un gran complejo preparado para albergar un ejército entero. Mientras recorremos los pasillos vemos que los techos son extrañamente bajos. Yo, que soy un poco alto, tengo que ir agachado en prácticamente todos los pasillos y habitaciones pequeñas. Al verlo no pude evitar pensar que esta gente eran medio enanos, pero una aclaración del guía me disolvió cualquier duda al decirnos que los suelos se habian elevado durante la restauración (explicación que tiene mucho mas sentido que la mia). El interior de la fortaleza es un constante juego de luces y contrastes que hacen las delicias de los aficionados a la fotografía como yo.



Despues de un rato de oscuras galerias y habitaciones, salimos a la parte superior de la fortaleza. Al asomarnos al muro entendemos enseguida porque eligieron este sitio para construirla. La vista es espectacular. Desde este punto se pueden ver muchos kilómetros a la redonda con claridad. Además, una de las rutas comerciales principales pasa justo por debajo de la ciudad, siendo también un punto estratégico para controlar el comercio.


De vuelta en Amman

Volvemos a ponernos en camino hacia Amman para hacer una visita panorámica de la ciudad y dar un paseo por el zoco (la zona comercial), pero antes hacemos una parada por el hotel para darnos la merecida ducha que no pudimos disfrutar en el desierto esta mañana. Tras recargar pilas, nos ponemos en marcha para dar una vuelta por la ciudad en autobús. La ciudad es un poco caótica, pero mucho menos de lo que esperabamos. Acostumbrados a Madrid, la circulación parece hasta fluida. La ciudad es de un predominante color blanco, sobre todo en la parte nueva. Interesados preguntamos el porqué, y nos cuentan que hay una ley que obliga a que todas las viviendas nuevas se construyan con las fachadas blancas, para respetar la uniformidad de la ciudad. Interesante idea. Mientras tanto, el sol se va ocultando entre los edificios en una preciosa puesta de sol.


A lo largo de todo el viaje hemos visto muchas mezquitas, y todas comparten una característica común, incluso aquí en Amman. Los minaretes están iluminados de color verde. Según nos cuentan, no se trata de ninguna moda. Esto se debe a que el verde es el color musulmán, simplemente. Sin embargo, este no es el primer país musulmán que visito, y es la primera vez que lo veo. El efecto de noche es curioso, dando una nota de color a las también blancas mezquitas.


El zoco

El zoco de Amman no es un bloque único de tiendas como el Gran Bazar de Estambul. Se trata de una zona de la ciudad en la que abundan las tiendas, principalmente orientadas al público local. Las tiendas de oro se agrupan en una zona, iluminando alguna calle con el resplandor amarillo de sus escaparates. Todas las joyas se venden al peso, a un precio no demasiado asequible. Viendo los escaparates con las grandes joyas que ellos se muestran se puede apreciar cierto afán de ostentación en lo llamativo de casi todas las piezas.

Un poco mas abajo de la zona del oro encontramos el mercado de las verduras. Se trata de un par de pequeñas calles con un montón de puestos de verduras y especias en las que los gritos y empujones dominan el ambiente. Las verduras tienen buena pinta, y las tiendas de especias a granel son muy curiosas, cargadas de olores intensos y deliciosos.



Las tiendas locales son curiosas, desde las carnicerías, con sus mostradores abarrotados de cabezas de cordero, hasta las tiendas de pipas, con una variedad impresionante. Pero las mas curiosas son las tiendas de perfumes, que exponen todos los botes con imitaciones de perfumes famosos que te hacen en el momento.


Un merecido descanso...

Tras callejear un poco volvemos al autobús que nos llevará de vuelta al hotel. Hoy volvemos a dormir en el hotel del primer día, con la misma cama maravillosa que mencioné anteriormente. Estoy deseando volver a meterme en aquella montaña de almohadas...

Buenas noches,
Rhadamon.

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martes, 12 de enero de 2010

Jordania - Dia 4 - El Wadi Rum

Nos levantamos temprano preparados para el viaje hacia el sur. No he hablado todavía del autobús ni de su conductor, así que aprovecharé ahora para contaros algo de él, ya que tenemos un par de horas de viaje por delante. El autobús es un pequeño minibús de unas 15 plazas, bastante pequeño y un tanto destartalado, pero tiene cierto encanto retro con unas llamativas tapicerías en los asientos que no pasan desapercibidas. Cada vez que subimos una cuesta, y doy fe de que en este país hay muchas y muy empinadas, el pobre autobús se queja sonoramente, como si le cargases una pesada mochila a un anciano en unas escaleras. Mucho mas interesante que el autobús es su conductor, que se llamaba algo así como Farish, si ya me cuesta recordar los nombres españoles, con los jordanos soy todavía peor. Este hombre, que chapurreaba algunas palabras de español, era un hombre entrañable, siempre con una sonrisa en la cara. Hacía continuamente esfuerzos para decir cosas en español, y nos ayudaba con nuestros torpes intentos de árabe. Su puntualidad era impecable (cosa que no se podía decir de muchos por allí) y era un fantástico conductor.


Una vez emprendido el camino, volvemos a coger la autopista del desierto, y tras algo mas de una hora de camino tomamos la desviación hacia el Wadi Rum.

El Wadi rum es el mas grande e impresionante de los desiertos de Jordania. Sus arenas de colores intensos y sus escarpadas formaciones rocosas hacen de este sitio un lugar digno de ver.


La historia de este desierto está ligada a la de Thomas Edward Lawrence, mas conocido como Lawrence de Arabia, de hecho, la película del mismo nombre está casi enteramente rodada allí. Para los que no estén relacionados con esta historia, este hombre fue un inglés que tuvo un papel fundamental durante la gran revolución árabe que se produjo a principios del siglo XX, durante la primera guerra mundial. Es soprendente descrubir entre las grandes montañas de roca roja que los beduinos esculpieron su cara en una de estas rocas, aunque no salió demasiado favorecido...


Tras un rato de carretera llegamos por fín al centro de visitantes del Wadi Rum. Este centro hace de puerta de entrada para las excursiones de turistas que se adentran en el desierto. Tras ver una pelicula de unos 15 minutos (medio obligados) salimos por fín a andar por el desierto. La arena es mucho mas compacta de lo que esperaba, y tiene un color rojo impresionante. Como nota curiosa, es sorprendente ver la cantidad de huellas de coche que se encuentran sobre la arena, parece como si hubiese pasado un rally por ahí media hora antes...


Durante algo mas de una hora andamos por el desierto sin seguir ningún camino mas que la enorme explanada de arena que se extiende a nuestro alrededor. Justo delante nuestro se eleva la que llaman la montaña de los siete pilares. Este nombre lo debe a que tiene una curiosa forma que asemeja siete columnas de distinto tamaño. Este monte es el orgien del nombre del libro "Los siete pilares de la sabiduria", escrito por el mismo Lawrence del que hablábamos antes. A pesar de su nombre, yo no se donde cuentan siete pilares, yo solo veo 5 o como mucho 6...


Tras un ligero paseo hasta la base de la montaña, cambiamos de rumbo para encontrarnos con el jeep que nos va a dar una vuelta por los alrededores un poco más rápido que yendo a pié. Según nos cuentan, cada zona del desierto pertenece a diferentes tribus de Beduinos, lo que en la actualidad les concede la "exclusiva" de las rutas en todo-terreno por su territorio. Resulta curioso como afecta la modernización a los estilos de vida mas antiguos...


Tras alguna parada para admirar el paisaje seguimos nuestro camino en jeep por el desierto. De repente, y sin que parezca haber nada especialmente interesante a nuestro alrededor, el conductor se para y se baja, indicandonos que nos bajemos también y le sigamos. El hombre se agacha junto a una planta que no parecía tener nada de especial y nos vemos que empieza a recoger las hojas (por llamarlo de alguna forma). Según las está recolectando, nos explica que esa planta es el "jabón del desierto", y que es lo que siempre han usado los beduinos para lavarse. Un tanto incrédulos, observamos que cuando ha recogido un buen puñado empieza a molerlo con un pañuelo. Un poco despues se hecha las hojas molidas en las manos junto con un poco de agua, empieza a frotarse las manos, y sorprendentemente ¡empieza a salir espuma!. Nos deja olerlo y la verdad es que tiene un olor curioso, parecido al del jabón. Realmente curioso, la verdad.


Seguimos el paseo en el jeep y llegamos a otra gran roca junto a una tienda Beduina. Varios coches mas aparcados en la arena indican que es punto habitual de parada. Nos acercamos a la roca intrigados y descubrimos unas pinturas en la roca de la época Nabatea (de unos 2000 años de antigüedad) en los que se ve claramente representadas las caravanas de camellos que recorrían las rutas comerciales que pasaban por allí en aquella época. Su estado de conservación es sorprendentemente bueno para llevar veinte siglos a la intemperie en el desierto...


Tras rodear la roca y descubrir algunas pinturas más, vamos a la tienda beduina para ver los habituales souvenirs que encontramos en casi toda Jordania. Aquí los pañuelos parecen de calidad, y dado que hace un sol de justicia (a pesar de ser Enero) decido comprarme el pañuelo jordano típico (igual que el palestino que conocemos en España, pero de color rojo), junto con el cordón para sujetarlo a la cabeza. Esto me proporcionará algo de sombra durante el día.



Al salir de la tienda vemos unos cuantos camellos parados esperando turistas, y no podemos evitar la tentación de dar un paseo en camello por el desierto, como si reviviesemos las hazañas de Lawrence de Arabia cruzando el desierto para conquistar Ácqaba. El camello (en esta zona realmente son dromedarios) es una montura muy peculiar, que se mueve notoriamente con cada paso y cuya estabilidad es bastante escasa. No obstante, disfrutamos de este paseo como niños, riendo a viva voz entre las rocas del desierto, que provocan un eco bastante peculiar. Estamos algo menos de media hora andando por el desierto, pero todos acabamos con los riñones tocados del meneo del asiento. Que duro debían ser viajes de 10 horas un dia tras otro...


Tras alguna parada más para hacer fotos, llegamos al sitio donde vamos a comer. Se trata de un pequeño campamento levantado al refugio de una pequeña montaña. El menú de hoy es cordero enterrado, un plato típico del desierto. El sistema consiste en hacer el cordero enterrado en el suelo dentro de una gran cazuela como si de un horno natural se tratase. Es similar a un cordero al horno, aunque mas ligero. Realmente exquisito.


Después de la reparadora comida nos acercamos a las vías del tren que se encuentran a escasos 200 metros del campamento. Jordania solo tiene una vía férrea, que cruza el país de norte a sur, y que en la actualidad se utiliza para transportar los fosfatos al puerto de Acqaba. Esta vía tiene bastante historia y fue muy importante durante la primera guerra mundial, era habitual que los Beduinos atacasen los trenes turcos que pasaban por ella. Adoro la sensación de estar junto a algo que tiene tanta historia, aunque solo sea porque me encanta la película en la que aparece.



Tras la escapada a las vías del tren damos por concluido el paseo por el desierto y nos dirigimos al campamento donde vamos a pasar la noche. El viaje resulta bastante divertido, ya que vamos todos en la parte de atrás del jeep (descubierta) pegando botes y riéndonos a carcajada limpia. El viento encima del coche es tremendo, pero tras 10 minutos llegamos por fín al campamento.

La idea del campamento era pasar la noche en jaimas tipicas beduinas, con un pequeño espectáculo incluido. Imaginaos nuestra decepción cuando encontramos esto:


El interior era bastante peor que el exterior. Dos camas de hierro con unos colchones y unas mantas que olían a años de no lavarse. Como estábamos tan animados y el entorno era tan hermoso, obviamos estos pequeños inconvenientes y nos dedicamos a disfrutar del merecido descanso. Una Narguile junto a una hoguera preparada para la noche y sentado sobre unos cojines disiparon todas mis preocupaciones sobre la cama, y me dediqué a disfrutarlo al máximo.


La tarde se presentaba muy tranquila, con un relajado paseo antes de la cena para ver la puesta de sol. Realmente el sol del desierto es especial.

La noche fue mucho mejor de lo que esperaba, sin chinches. Eso sí, durante el día la temperatura es fantástica, pero por la noche baja en picado. Es la primera vez en mi vida que duermo con un polar encima del pijama, con los calcetines puestos y con 3 mantas encima. Salir de la cama por la mañana ( a las 5:30 para ver el amanecer ) fue bastante doloroso, pero una vez vestido todo fue mejor. La verdad es que el madrugón mereció la pena. Un amanecer alucinante entre las montañas.


En una hora nos volvemos a montar en el Autobús rumbo de nuevo a Amman.

Buenas noches, o buenos días,
Rhadamon.

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