El hotel tiene una pinta fantástica. El complejo es un conjunto de múltiples edificios unidos por caminos y jardines muy cuidados. Las habitaciones se encuentran divididas por bloques, como si fuesen una pequeña urbanización. Después de deshacer la maleta y comprobar que la habitación no tiene nada que envidiarle a la del hotel de Amman, me pongo el bañador para ir directo a la zona de playa y piscinas.
La zona de piscinas es impresionante. Tienen tres distintas, cada una con una temperatura del agua diferente. Dos de ellas terminan en sendas cascadas que dan al Mar Muerto. Aunque deseoso de darme un baño, sigo mi camino hacia la playa, a probar las aguas del Mar Muerto. Para quien no lo sepa, éste tiene la característica de ser muchísimo mas salado que el resto de mares. Tiene un 30% de sal, lo cual es una auténtica barbaridad.
Al llegar abajo, una playa claramente artificial ofrecía a los turistas unas hamacas y sombrillas para relajarse, pero a una altura sopechosamente superior a la de la orilla. Una vez en la orilla compruebo que ésta no tiene nada de playa. Enormes piedras protegen el camino al agua. Para mas inri, esas piedras están cubiertas de sal cristalizada, haciendo todavía mas complicado el acceso. Si no fuese por unas bien colocadas pasarelas que pasan por encima de las piedras, pocos turistas se aventurarían a entrar. Yo, todavía no se porque razón, decidí pasar de las pasarelas (valga la redundancia) y entrar directamente por las piedras. Valiente idiota... Tras sortear como pude las piedras de la orilla, conseguí meterme a flotar en el agua. Digo flotar porque la elevada salinidad del agua hace que la densidad del agua sea tan grande que es imposible hundirse, solo puedes flotar en horizontal. Sensación curiosa como poco. Eso sí, ¡como escuecen las heridas!... Yo duré cerca de 3 minutos dentro del agua. Tuve que salirme (esta vez por una pasarela) a darme una ducha rápidamente, ya que jamas me había picado todo el cuerpo de aquella manera. Hubo quién resistió mas tiempo, pero no mas de 15 minutos dentro del agua. Tras la interesante experiencia, opté por subir a las piscinas, entorno en que me siendo indudablemente mas a gusto. Una cerveza y unas olivitas ayudaron a ello.
Después de un relajante baño en la piscina que tenía el agua mas fría (que por cierto estaba muy fría y muy vacía), subí a la habitación a ponerme ropa seca. Una vez vestido bajamos a la piscina de agua mas caliente, separada de las otras dos, y mucho mas tranquila. Mientras los demás se daban el último baño yo me senté en unos sofás a tomar algo esperando el atardecer. Unos simpáticos gorrioncillos jugaban a mi lado, demasiado acostumbrados a la gente como para tener miedo.

Las siguientes dos horas las pasamos tranquilamente sentados o tumbados, charlando y observando la hermosa puesta de sol sobre el Mar Muerto. El sol tenía un color especial, y los reflejos sobre el mar nos dejaron a todos embobados hasta que desapareció por completo sobre lo que debía ser Jerusalén. Un espectáculo digno de ver.
Tras el paseo de vuelta a la zona de habitaciones, fuimos a cenar, y tras otro pequeño paseo después de la cena, a dormir, ya que nos levantábamos a las 3 de la mañana para coger el vuelo de vuelta a Madrid, que salía a las 7 de la mañana. Sorprendidos por lo rápido que había pasado esta semana, nos despedimos de Jordania, pues con lo poco que nos quedaba en el país apenas íbamos a poder ver el amanecer del día siguiente salvo desde el avión.
A la mañana siguiente (todavía de madrugada) todo transcurrió rápido y sin apenas darnos cuenta, ya que el sueño estuvo muy presente hasta montarnos en el avión. Lo único que nos despertó fue el conductor que nos llevó al aeropuerto, que era un completo suicida. Nunca había visto antes dar volantazos en las rectas...
El viaje nos ha dejado con un fantástico sabor de boca. Realmente recomiendo a cualquiera que venga a este país, ya que es impresionante, además de muy seguro y bastante hospitalario. Si alguno estáis planeando venir, hablad conmigo que os digo donde ir, y sobre todo, donde NO ir...
Os saluda, ya de vuelta en Madrid,
Rhadamon.
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