martes, 12 de enero de 2010

Jordania - Dia 4 - El Wadi Rum

Nos levantamos temprano preparados para el viaje hacia el sur. No he hablado todavía del autobús ni de su conductor, así que aprovecharé ahora para contaros algo de él, ya que tenemos un par de horas de viaje por delante. El autobús es un pequeño minibús de unas 15 plazas, bastante pequeño y un tanto destartalado, pero tiene cierto encanto retro con unas llamativas tapicerías en los asientos que no pasan desapercibidas. Cada vez que subimos una cuesta, y doy fe de que en este país hay muchas y muy empinadas, el pobre autobús se queja sonoramente, como si le cargases una pesada mochila a un anciano en unas escaleras. Mucho mas interesante que el autobús es su conductor, que se llamaba algo así como Farish, si ya me cuesta recordar los nombres españoles, con los jordanos soy todavía peor. Este hombre, que chapurreaba algunas palabras de español, era un hombre entrañable, siempre con una sonrisa en la cara. Hacía continuamente esfuerzos para decir cosas en español, y nos ayudaba con nuestros torpes intentos de árabe. Su puntualidad era impecable (cosa que no se podía decir de muchos por allí) y era un fantástico conductor.


Una vez emprendido el camino, volvemos a coger la autopista del desierto, y tras algo mas de una hora de camino tomamos la desviación hacia el Wadi Rum.

El Wadi rum es el mas grande e impresionante de los desiertos de Jordania. Sus arenas de colores intensos y sus escarpadas formaciones rocosas hacen de este sitio un lugar digno de ver.


La historia de este desierto está ligada a la de Thomas Edward Lawrence, mas conocido como Lawrence de Arabia, de hecho, la película del mismo nombre está casi enteramente rodada allí. Para los que no estén relacionados con esta historia, este hombre fue un inglés que tuvo un papel fundamental durante la gran revolución árabe que se produjo a principios del siglo XX, durante la primera guerra mundial. Es soprendente descrubir entre las grandes montañas de roca roja que los beduinos esculpieron su cara en una de estas rocas, aunque no salió demasiado favorecido...


Tras un rato de carretera llegamos por fín al centro de visitantes del Wadi Rum. Este centro hace de puerta de entrada para las excursiones de turistas que se adentran en el desierto. Tras ver una pelicula de unos 15 minutos (medio obligados) salimos por fín a andar por el desierto. La arena es mucho mas compacta de lo que esperaba, y tiene un color rojo impresionante. Como nota curiosa, es sorprendente ver la cantidad de huellas de coche que se encuentran sobre la arena, parece como si hubiese pasado un rally por ahí media hora antes...


Durante algo mas de una hora andamos por el desierto sin seguir ningún camino mas que la enorme explanada de arena que se extiende a nuestro alrededor. Justo delante nuestro se eleva la que llaman la montaña de los siete pilares. Este nombre lo debe a que tiene una curiosa forma que asemeja siete columnas de distinto tamaño. Este monte es el orgien del nombre del libro "Los siete pilares de la sabiduria", escrito por el mismo Lawrence del que hablábamos antes. A pesar de su nombre, yo no se donde cuentan siete pilares, yo solo veo 5 o como mucho 6...


Tras un ligero paseo hasta la base de la montaña, cambiamos de rumbo para encontrarnos con el jeep que nos va a dar una vuelta por los alrededores un poco más rápido que yendo a pié. Según nos cuentan, cada zona del desierto pertenece a diferentes tribus de Beduinos, lo que en la actualidad les concede la "exclusiva" de las rutas en todo-terreno por su territorio. Resulta curioso como afecta la modernización a los estilos de vida mas antiguos...


Tras alguna parada para admirar el paisaje seguimos nuestro camino en jeep por el desierto. De repente, y sin que parezca haber nada especialmente interesante a nuestro alrededor, el conductor se para y se baja, indicandonos que nos bajemos también y le sigamos. El hombre se agacha junto a una planta que no parecía tener nada de especial y nos vemos que empieza a recoger las hojas (por llamarlo de alguna forma). Según las está recolectando, nos explica que esa planta es el "jabón del desierto", y que es lo que siempre han usado los beduinos para lavarse. Un tanto incrédulos, observamos que cuando ha recogido un buen puñado empieza a molerlo con un pañuelo. Un poco despues se hecha las hojas molidas en las manos junto con un poco de agua, empieza a frotarse las manos, y sorprendentemente ¡empieza a salir espuma!. Nos deja olerlo y la verdad es que tiene un olor curioso, parecido al del jabón. Realmente curioso, la verdad.


Seguimos el paseo en el jeep y llegamos a otra gran roca junto a una tienda Beduina. Varios coches mas aparcados en la arena indican que es punto habitual de parada. Nos acercamos a la roca intrigados y descubrimos unas pinturas en la roca de la época Nabatea (de unos 2000 años de antigüedad) en los que se ve claramente representadas las caravanas de camellos que recorrían las rutas comerciales que pasaban por allí en aquella época. Su estado de conservación es sorprendentemente bueno para llevar veinte siglos a la intemperie en el desierto...


Tras rodear la roca y descubrir algunas pinturas más, vamos a la tienda beduina para ver los habituales souvenirs que encontramos en casi toda Jordania. Aquí los pañuelos parecen de calidad, y dado que hace un sol de justicia (a pesar de ser Enero) decido comprarme el pañuelo jordano típico (igual que el palestino que conocemos en España, pero de color rojo), junto con el cordón para sujetarlo a la cabeza. Esto me proporcionará algo de sombra durante el día.



Al salir de la tienda vemos unos cuantos camellos parados esperando turistas, y no podemos evitar la tentación de dar un paseo en camello por el desierto, como si reviviesemos las hazañas de Lawrence de Arabia cruzando el desierto para conquistar Ácqaba. El camello (en esta zona realmente son dromedarios) es una montura muy peculiar, que se mueve notoriamente con cada paso y cuya estabilidad es bastante escasa. No obstante, disfrutamos de este paseo como niños, riendo a viva voz entre las rocas del desierto, que provocan un eco bastante peculiar. Estamos algo menos de media hora andando por el desierto, pero todos acabamos con los riñones tocados del meneo del asiento. Que duro debían ser viajes de 10 horas un dia tras otro...


Tras alguna parada más para hacer fotos, llegamos al sitio donde vamos a comer. Se trata de un pequeño campamento levantado al refugio de una pequeña montaña. El menú de hoy es cordero enterrado, un plato típico del desierto. El sistema consiste en hacer el cordero enterrado en el suelo dentro de una gran cazuela como si de un horno natural se tratase. Es similar a un cordero al horno, aunque mas ligero. Realmente exquisito.


Después de la reparadora comida nos acercamos a las vías del tren que se encuentran a escasos 200 metros del campamento. Jordania solo tiene una vía férrea, que cruza el país de norte a sur, y que en la actualidad se utiliza para transportar los fosfatos al puerto de Acqaba. Esta vía tiene bastante historia y fue muy importante durante la primera guerra mundial, era habitual que los Beduinos atacasen los trenes turcos que pasaban por ella. Adoro la sensación de estar junto a algo que tiene tanta historia, aunque solo sea porque me encanta la película en la que aparece.



Tras la escapada a las vías del tren damos por concluido el paseo por el desierto y nos dirigimos al campamento donde vamos a pasar la noche. El viaje resulta bastante divertido, ya que vamos todos en la parte de atrás del jeep (descubierta) pegando botes y riéndonos a carcajada limpia. El viento encima del coche es tremendo, pero tras 10 minutos llegamos por fín al campamento.

La idea del campamento era pasar la noche en jaimas tipicas beduinas, con un pequeño espectáculo incluido. Imaginaos nuestra decepción cuando encontramos esto:


El interior era bastante peor que el exterior. Dos camas de hierro con unos colchones y unas mantas que olían a años de no lavarse. Como estábamos tan animados y el entorno era tan hermoso, obviamos estos pequeños inconvenientes y nos dedicamos a disfrutar del merecido descanso. Una Narguile junto a una hoguera preparada para la noche y sentado sobre unos cojines disiparon todas mis preocupaciones sobre la cama, y me dediqué a disfrutarlo al máximo.


La tarde se presentaba muy tranquila, con un relajado paseo antes de la cena para ver la puesta de sol. Realmente el sol del desierto es especial.

La noche fue mucho mejor de lo que esperaba, sin chinches. Eso sí, durante el día la temperatura es fantástica, pero por la noche baja en picado. Es la primera vez en mi vida que duermo con un polar encima del pijama, con los calcetines puestos y con 3 mantas encima. Salir de la cama por la mañana ( a las 5:30 para ver el amanecer ) fue bastante doloroso, pero una vez vestido todo fue mejor. La verdad es que el madrugón mereció la pena. Un amanecer alucinante entre las montañas.


En una hora nos volvemos a montar en el Autobús rumbo de nuevo a Amman.

Buenas noches, o buenos días,
Rhadamon.

Links Jordania 2010:

3 comentarios:

  1. Hola, Faris!. ¡ Cúanto me alegra verte , aunque sea en foto!. Pedazo de conductor... alguno se lo quería llevar a Madrid, para las salidas nocturnas.
    En cuanto ala cama de la jaima, me quedo con el Marriott.

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  2. Muy interesante y atrayente tu viaje por Jordania, me ha trasladado a otras épocas y escenarios que sólo había visto en películas. Carlos EOI Nihongo NB2.

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  3. Me alegro de que te haya gustado :)

    Recuerdo aquel día perfectamente... El desierto es una pasada.

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