domingo, 10 de enero de 2010

Jordania - Dia 3 - Pequeña Petra

Tomando el sol en un poblado Nabateo

Despues del ultimo dia, que fue bastante intenso, hoy tenemos un plan mas relajado. Tenemos casi toda la mañana libre para disfrutar del hotel y por la tarde nos acercaremos a la pequeña Petra, un complejo de características muy similares al de ayer, pero bastante mas pequeña, la visita dura poco mas de una hora.

Pasamos la mañana disfrutando del hotel, ya que apenas habiamos tenido tiempo hasta el momento. El hotel es un antiguo poblado nabateo restaurado, en el que cada casa alberga dos o tres habitaciones. Todo se encuentra completemente restaurado, y aunque las habitaciones son de una decoración sencilla, estan perfectamente equipadas. La ambientación es fantástica, y resulta muy agradable dar un paseo entre las casas y por los jardines.


El hotel se encuentra completamente vacio, ya que los turistas aprovechan la mañana para hacer excursiones. Los empleados del hotel nos miran extrañados, con cara de ¿y estos que hacen aqui?. El tiempo es fantástico, unos 20 grados, y con el sol calentando que da gusto. Nos tomamos tranquilamente un té en la terraza mientras charlamos sobre lo visto los dos ultimos dias y lo que nos queda de viaje. La mañana transcurre tranquilamente entre risas, cogiendo fuerzas para los próximos dias. La hora de salir llega rápidamente. Comemos algo y nos preparamos para la siguiente excursión.


La pequeña Petra

Tras media hora de autobús por unas carreteras bastante moviditas llegamos a la entrada de la pequeña Petra. En el mismo parking ya encontramos las primeras tumbas y altares. La entrada al cañón se hace a través de un pequeño desfiladero, de apenas un metro de ancho y 50 de largo, al que llaman algo así como el "cañon frio", ya que siempre da la sombra y la temperatura dentro de el es mucho mas baja que alrededor. Al salir del mismo éste se ensancha y empezamos a ver tumbas de gran tamaño a ambos lados.


Aunque en el post anterior no mencioné nada al respecto, tanto en Petra como en la pequeña Petra se encuentran numerosos altares excavados en la roca. Se sabe poco de los Nabateos, ya que apenas se han encontrado escrituras suyas, pero se cree que veneraban a multiples dioses, siendo su deidad principal "Dushara". La representación de la misma es poco mas que una piedra de forma rectangular, y se encuentra representada en muchos sitios.


Pasamos unas pocas tumbas y llegamos a otro desfiladero muy estrecho y vertical. Unos escalones de subida (apenas llegan a 100) nos ayudan a recorrerlo hacia arriba. La luz de un sol ya de media tarde da a la roca unos colores muy intensos.


Tras terminar de subir los escalones, en peor estado de lo que parece, llegamos a la parte alta de la garganta. Un arbol crece sobre las dos paredes de la garganta a la vez, haciendo un puente natural que le da una nota de color verde a la pared.


Pasamos un puesto de un beduino al que en un primer momento no le doy mayor importancia porque habia unos turistas aglomerados alrededor y llegamos al final del camino, que resulta ser un mirador entre las montañas. Aqui no se ven templos, pero el sitio es muy hermoso. Aprovechamos para sentarnos y comer algo, y para hacernos fotos. El guia nos cuenta que desde ese mirador sale un camino que recorre las montañas por arriba y que termina en el monasterio (del que hablé en el post anterior).


Mientras los demás descansan en el mirador yo vuelvo por el camino para hacer algunas fotos. De camino reparo en el puesto del beduino antes oculto. El tio ha buscado un sitio para montar el tenderete espectacular. Se ecuentra refugiado dentro de la garganta, en una cavidad de unos tres metros de alta formada a un lado. La temperatura es perfecta, y la roca forma unos colores preciosos. El beduino en cuestión vende té que prepara en una pequeña hoguera con una antigua tetera. Me siento un rato a disfrutar del lugar y a hablar con el guia de las costumbres de los beduinos, que por cierto me parecen bastante hospitalarios.


Cuando ya hemos recuperado fuerzas nos ponemos en marcha y volvemos por el mismo camino al autobús para ver la puerta de sol. En la salida, un joven beduino ofrece un par de vueltas a caballo por unos pocos dinares. El caballo es pequeño pero magnifico. Aprovechando que uno de mis compañeros da una vuelta, le robo una foto al caballo y a su dueño. Junto a ellos descansan tambien algunos camellos para los turistas.


Puesta de sol desde el mirador

Una vez en el autobús nos dirigimos a un mirador situado en lo alto de la ciudad (moderna) de Petra. Las vistas son espectaculares, y la puesta de sol tiene unos colores intensísimos, como si compitiese con las piedras por conseguir el rojo mas intenso.


Una vez puesto el sol volvemos al hotel, hambrientos y deseando probar las delicias culinarias del pais, pero eso es otra historia y habrá tiempo de contarlo mas adelante. Nos vamos a dormir lo mas pronto posible ya que mañana toca ir al desierto, el Wadi Rum, un desierto de piedra y arena roja, creo que es espectacular.

Buenas noches,
Rhadamon

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